domingo, 12 de octubre de 2008

Lonely-lonely-oh-so-fucking-lonely post (reprise)

Supongo que todos necesitamos microdepresiones de vez en cuando.
Basta una mirada a mi habitación. Si los roommates llegaran mañana me lanzarían por la ventana.
El conocimiento un poco triste, mas muy predecible, de no estar a la altura de las circunstancias.
Un poco de consuelo en algunos detalles mínimos, en el marco contextual que me ha dado, vamos, muchas prerrogativas sin las cuales ésto se hubiera vuelto una tragedia. O no, pero you know what i mean fucker.
Un poco de alivio. Esperanza de poder llevar, al menos por un tiempo, una vida equilibrada de nuevo.
El sosiego necesario para aprender, para maravillarse, para crear.
El optimismo ingenuo que cargo desde que tengo memoria (Podría citar ejemplos concretos de cuando tenía 10, 12, 14 años.) Como un estigma a lo largo de las bolas.
Por ahora, aburrirse con entretenimiento barato. Escuchar las risas de los otros como quien oye llover y le da fiaca mojarse.
Si alguien me ofreciera la clave para entender las relaciones humanas a cambio de mis pobres aptitudes intelectuales, probablemente aceptaría.
Pienso que aún reconstruyendo y modificando la historia, las consecuencias hubieran sido las mismas, con variaciones leves en la intensidad de los desmanes.
Pero ha sido exacto, propicio, justo y necesario.
Y no ha sido tan malo, si lo piensas. Pudo haber sido mucho -and I mean mucho- peor.
Por ahora sólo me siento cansado.
Y aburrido.
Y un poquito triste.
Aunque sin ganas de hacer nada, ciertamente.
(Creo que también tengo un poco de hambre.)
En fin, son las 2:28 am y estoy en calzoncillos. No pienso salir a calentar ninguna clase de alimentos.
Ah, la necesidad humana de cariño.
Verdaderamente el hombre nació pequeñito.
Más me valdría jubilarme de la vida. O al menos tomarme unas vacaciones pagas.
Sin razón alguna me acuerdo de esa canción de ese grupo llamado, si mal no recuerdo, "Genitallica", y la letra de su único hit: "Imagina que no te pudieras masturbar." El mundo sería una carnicería.
Bueno, no es como si no hubiera razones para recordarlo, también.
Mañana debo trazar, completar, organizar, comprometerme. Y limpiar un poco este chiquero.
Acaso salga a comer a algún lado. Sólo que no sea Ugi's.
Tengo tanta flojera que, aún teniendo sueño, me da pereza ir a dormir.
Continuar, acaso, la novela de Junot que ando leyendo en el Ateneo.
Una maravilla, por cierto. Tanto el Ateneo como la novela.
Tendría que escribir algo sobre ella aquí, aunque el comentario llegue con un año de retraso con respecto a los blogs literarios y esas huevadas.
Bah, como si alguien leyera este blog aparte de dos o tres amigos.
Tampoco es como si pudiera lidiar con la fama nerd internetiana.
Pero bueno, hablo huevadas, como siempre.
Habría que trabajar duro en el desarrollo de mi cinismo. Mierda, si soy el número dos, hay que trabajar duro.
Jajaja.
Bueno. Cierro esto y dejo al blogger tranquilo.
Buenas noches a todos, y dulces sueños.

sábado, 11 de octubre de 2008

Ah, here she comes right now

Ah, here she comes right now
here she comes right now
here she comes now.

La hora de la verdad, "che". O corroboramos nuestras sospechas (con una felicidad digna de este período mozartiano que estoy viviendo), o todo se va a la mierda: de todas maneras, esto tiene que acabar. Y ya se acaba. Here she comes right now. Al fin, el final.

viernes, 10 de octubre de 2008

Lonely-lonely-oh-so-lonely post

19:34

Bueno, estoy a punto de quedarme solo y no se me ha ocurrido mejor idea que escribir. Los chicos ahora están comiendo; tendrían que salir en cinco minutos, pero como van las cosas dudo que eso suceda. Voy a tener que ir a comprar cerveza y esas cosas, emborracharme considerablemente -es necesario.

19:58

Acabo de despedirme de ellos abajo, mientras tomaban taxi. Comienza oficialmente mi fin de semana largo y lonely lonely (hurra).
¿Planes? Ah. ¡Si os contara los planes que tenía, chavales, os partiríais de risa! Pero no, no lo haré. Still, I wonder if...
¿Qué tengo para contar aquí? Ando leyendo una novela de Houellebecq, "Las partículas elementales", que se supone es uno de sus títulos mayores. Me parece curiosísimo cuando leo algo cuya trama sea, al menos a mi parecer, tan predecible que pienso "puta, yo habría escrito esto de la misma forma." E inmediatamente después: "hombre, si yo hubiera escrito esto así, esto no puede ser tan bueno." Todo eso de iniciar con una afirmación y luego acudir a explicarla a través del pasado de los protagonistas es un recurso ya demasiado obsoleto. En general, la novela trata de dos hermanastros, Bruno y Michel: uno es un científico renombrado y el otro es un hombre que ha decidido (pero, ¿realmente fue producto de su voluntad?) consagrar su existencia a un hedonismo puramente sexual. Pasamos una y otra vez de la explicación física exhaustiva (a decir verdad, más bien afirmaciones cuya explicación Houellebecq asume en el lector ya resuelta) a la novela decididamente pornográfica, llena de detalles que, creo yo, el autor ha gozado mucho desarrollando (y, por qué no, el lector goza leyendo. Al menos ese fue mi caso.) Quizá lo más interesante sea el análisis que Houellebecq hace de la sociedad, escupiendo una y otra vez frases que podrían pecar -tan rotundas son- de osadas: el problema es que uno no encuentra forma de negar su realidad, su presencia viva alrededor de uno. Acaso a las explicaciones, al desarrollo del hilo del pensamiento, pueda objetársele algo; las conclusiones, sin embargo, son tajantes y verdaderas: vivimos en una sociedad podrida y ridícula. Podrida, puesto que la progresiva pérdida moral que ha ocurrido a través de la secularización radical ha devenido en un grupo de individuos (ciertamente ya no se puede hablar de comunidad) crueles, horrorosamente narcisistas, violentos y casi incapaces de amar (a excepción, nota Houellebecq, de las mujeres); ridícula, puesto que ante tal secularización y el proceso de desacralización que ésta implica el hombre no sabido hacer mejor cosa -tan arruinado está por la cultura del entretenimiento que el consumismo capitalista ha creado a su alrededor- que buscar los remedios más idiotas para aliviar ese vacío espiritual: mística zen, masajes orientales, yoga, panteísmo ingenuo, etc. Dicho en una frase: para Houellebecq nuestra sociedad ha tocado fondo: estamos en el fin de los tiempos. Un poco baudelairiana la vaina, en verdad; "baudelairismo post-moderno" podríamos llamarle. La otra cosa interesante es el seguimiento que hace el francés del movimiento de liberación sexual de los setenta, y cómo la excesiva búsqueda de placer deviene en carnicería sórdida. Y no es tan descabellado, si uno se pone a reflexionar: si todas las barreras inhibitorias de la moral tradicional han sido derribadas, las instituciones creadas para resguardarla destruidas (Dios, la religión, la familia), de modo que el deseo humano pueda satisfacer hasta sus más excéntricas fantasías sexuales en el seno de la sociedad, si esa cota de placer ha sido superada con éxito, ¿no resultaría natural el movimiento de búsqueda de placer hacia zonas cada vez más siniestras, pasando por el sadomasoquismo, sin detenernos, hasta los asesinatos seriales? Link hacia Bolaño, 2666, las mujeres asesinadas: acaso ese fenómeno pueda explicarse de ese modo, sea al menos parcialmente. En la biografía que escribió sobre Rimbaud, Graham Robb se hacía (más o menos) la siguiente pregunta: si ocurriera la revolución que tanto ansiaba el poeta y toda la moral humana se viniera abajo, inaugurando así la plena libertad del hombre, ¿qué sistema habría de reemplazar al anterior, garantizando la libertad obtenida y a la vez estableciendo un orden que evite que la gente se autodestruya en medio del caos? Rimbaud nunca dio una respuesta, aunque es seguro que previó la destrucción que traería su ideal: acaso lo que buscaba era precisamente eso. El fin del mundo en medio de alaridos en los que placer y dolor se fundan en uno solo. Después de todo, el movimiento hippie es heredero directo del pensamiento rimbaldiano. Es casi la materialización del sueño de Rimbaud, y esto creo ya haberlo mencionado antes (no es que sea cosa mía, de seguro más de autor habrá visto el enlace hace más de treinta años). Todo eso de la expansión sensorial (que viene de antes, desde Blake y hasta de Kant) y del ideal de libertad a través de la amoralidad (concepto que incluye la homosexualidad, el sexo desenfrenado, la destrucción de la iglesia y de la institución de la familia, el lenguaje vandalizado, la violencia, el crimen), toditito ya está prefigurado en los escritos de Rimbaud. Si le creemos a Houellebecq y el mentor de la juventud hippie setentera fue el buen Aldous Huxley, podemos establecer un vínculo directo que comience en Kant, pase por Blake hasta Rimbaud, y luego desemboque en Huxley y la línea de pensamiento y el modo de vida de rockeros sesenteros y setenteros como Janis Joplin, Jim Morrison, Jimi Hendrix, los Beatles, etc., etc., luego hacia los ochenta con gente como Patti Smith, Freddy Mercury y Sid Vicious, y los noventa con Kurt Cobain y Layne Staley, hasta llegar, por último, al paradigma del rockstar actual (digamos, Amy Winehouse, o el otro patita inglés al que filmaron en un hotel inyectándose heroína), el paria de la sociedad para el que no existe ni moral ni código civil válido, el artista libre de todo prejuicio social, plenamente sexualizado y hedonista, que se mueve como equilibrista entre el hilo de la vida y de la muerte. Como quien dice, el cordero que la sociedad sacrifica en una suerte ritual catártico de masas, algo parecido a lo que sucedía en la antigua audencia griega al mirar el espectáculo de las grandes tragedias: como ellos, nosotros sabemos el final de la historia, pero nos regocijamos al caer en la cuenta de que no será ése nuestro destino, que fulano está allí para desempeñar ese papel, para servir de filtro a las ambiciones frustradas de los individuos que los adoran, que los mitifican y que, a la vez, desean verlos muertos para poder así prolongar su leyenda. Si pensamos así, tendríamos que concordar con Patti Smith: Rimbe fue, en efecto, el primer rockstar de la historia. En fin, yo iba hablando de "Las particulas elementales". Ya te puedes hacer idea de lo que es Houellebecq, no tengo que decir que es un tipo sumamente nihilista y que, por ello, no sorprende que también sea un vanidoso insoportable. Hace un tiempo me enteré por Moleskine Literario de que estuvo aquí, en Buenos Aires, dando una conferencia, y de que fue casi imposible entrevistarlo por sus aires de in-yer-face-better-than-you-so-fuck-you intelectual. Pero bueno, en una comunidad de escritores donde todos fingen (muy a la pose de ciego olvidadizo y huevón de Borges) una modestia que de tan afectada resulta asquerosa, ¿por qué no ser, for once, uno radicalmente orgulloso y narcisista? Volvemos a la imagen de Rimbaud agarrándose las bolas por los pasillos del instituto. Creo que, de acuerdo al contexto, la pose de Houellebecq es más que necesaria. Y digo pose, primero, por las razones obvias, y segundo, porque ni siquiera hace falta una lectura incisiva para darte cuenta de que el franchute es un old school románticón, que aún cree que el amor es la única fórmula para ser feliz. Y no lo digo con condescendencia (Dios y cierta chica a la que se lo confesé saben que yo me muevo en el mismo paradigma): basta ver los destinos de Bruno y Michel, los ideales femeninos que se cruzan en sus vidas y que son directamente responsables de su infelicidad. No hay finales felices, desde luego, pero aún así prevalece el ideal romántico, lo que me hace sospechar que el buen Tomás Segovia, en el prólogo a su traducción de las obras de Gérard de Nerval, no estaba equivocado, y que el espíritu romántico sigue aún vigente en nuestro arte y en nuestras vidas, y que a lo más podemos autodenominarnos como "post-romanticismo". Pero ya está bueno, pinche buey. Voy a terminar a Houellebecq y quizá siga más tarde con mi cuento. Me da "fiaca" ir a Disco a comprar cerveza, y además sé que si voy y la consigo voy a terminar tan borracho que no voy a poder escribir un carajo. Espero que la botellita de Quilmes que tengo en la refri me baste.

miércoles, 8 de octubre de 2008

Pero Mozart -como dicen ahora de la globalización con todo esto de la crisis financiera (pobre Moscú, y, ¿podrían ser más idiotas los islandeses? Sí: mi curso de economía ya me cagó la cabeza. Lo peor es que hasta disfruto leyendo estas cosas. Cada mañana bajo, cruzo la calle a Disco, compro mis medialunas, regreso y le compro al kioskero ledzeppelinero -un instant classic, por lo demás- el Clarín: me paso toda la mañana leyéndolo and actually enjoying myself while doing it...)- iba diciendo: pero Mozart, como el fenómeno de la globalización (tún-tún-¡TÚN!), tiene su lado oscuro. Curioso reflexionar sobre eso ahora, mientras me como mi chocolatín, después de una larga y fatigosa jornada culinaria (hice arroz con pollo como para un comedor popular). Es que no puedo seguir viviendo de La Americana y Ugi's por más tiempo, no, no, no. Aunque la media de muzza de Ugi's esté 5 putos pesos (media pizza grande a menos de 5 luquitas, compare) y a media cuadra de aquí. Ah, Ugi's. Pero no, decía que ayer Wolfgang fue el gran responsable de mi desesperación. Sucedió como un lento proceso de ebullición: a medida que pasaba la tarde esa suerte de escozor, de burbujeo en el pecho, se iba intensificando cada vez más y más, hasta que llegó un punto en que la tapa de la olla salió volando y comenzó a hacérseme difícil respirar, pensar (tuve que abandonar a mi Houellebecq a medio capítulo) y hasta estarme quieto. Todo esto con la música de Mozart resonando en el background mental: recordaba esos momentos en los que la belleza alcanza cotas insoportables, en que la orquesta intensifica las notas, las ajusta, y en que los cantantes arriban a una nota aguda o soberanamente grave, y el clarinete desconfigurando todo, alargándose en medio de un todo cambiante, como una bala que recorre universos heterogéneos con movimiento uniforme, exactamente como eso, y, lo juro, pensaba que iba a enloquecer. Me decía: "¡No es para tanto, won! Todo esto es psicológico: como piensas todo en términos dramáticos se te ha ocurrido que hoy no estaría mal pasar por una crisis, para darle sabó' a las cosas. ¡Como si fuera una trama inteligente, siquiera!", pero no funcionaba, por más que me increpase y tratara de develar el "placebo maligno", por llamarlo de alguna forma. De modo que las cosas se iban poniendo peores. Pasé las innumerables librerías (al regreso encontré una copia de los sesenta o setenta de "El lamento de Portnoy", aunque demasiado cara) los teatros fastuosos, el falo que llaman "Obelisco" con esa avenida de mierda que te toma dos semáforos cruzar, fumé, compré mi entrada para Les Luthiers: la gente, creía, me miraba con una mezcla de compasión y espanto (porque sabía que se me notaba a leguas la desesperación, como si estuviera caminando en llamas -como el tipo de la portada de Pink Floyd-) y todo eso. Cuando regresé, tenía gran parte de mi cuento resuelto. Catarsis le llaman, ¿no? La verdad es que no está yendo mal el cuento, aunque sea una suerte de re-elaboración de mis lecturas y no tenga mucho de original. Pero ya veremos. Sólo tres horas más tarde recibí el mensaje: una cancelación seguida de un raincheck. Ca marche pour moi. Las cosas se ponen interesantemente peligrosas, y viceversa.

lunes, 6 de octubre de 2008

Nehmt meinen Dank, Dioses del Universo

Si Mozart no fuera tan bello, tan indescriptiblemente maravilloso, quizás mi sufrimiento sería un poco más vulgar, más austero y teenager-style ramplón: hay que agradecerle. Hay que dejar rosas imaginarias en su tumba, creer por un minuto en la inmortalidad del alma y la conexión entre la mente humana y elmundo de los muertos and all that crap (pero, aún así, Mozart no entendería mi lengua materna; hay que aceptar entonces, también, que todos los muertos son políglotas) y elucubrar: Wolfgang, mi adorado Wolfgang -gracias. Gracias por hacer de esta medianía, de esta voluptuosidad disfrazada de buenas intenciones, de esta duda como martillo en el corazón y en el sexo, de estos pensamientos que se meten cabe entre sí, que hacen arder mis pantalones y me dificultan la respiración, gracias por hacer de todo esto algo sublime a través de tu música. Gracias por prolongar determinada nota del clarinete, de la flauta, de las cuerdas, e insuflar de nuevas dimensiones, nuevos colores, nuevas sensaciones, mi vida diaria. Cuando recuerdo tus canciones en medio de un viaje en el subte, en el colectivo, mientras ceno con los amigos, de repente todo cobra sentido, un sentido maravilloso, digno de experimentarse. La vida se vuelve, de repente, digna de ser vivida: acaso ésta sea tu gran herencia. Son “sís” todas tus composiciones, una gran afirmación de la felicidad de la vida. Y de la belleza: una belleza casi insoportable, casi inhumana; belleza despiadada, implacable, total. Gracias, Wolfgang, y gracias a la fatalidad de la vida por haber propiciado tu nacimiento, tu revolución. Gracias.

domingo, 5 de octubre de 2008

Pero no sólo se trata de sexo. Si bien no contaré aquí eso que pasó hace unos días (tan nimio, tan inocente, tan perfecto), sí diré que las consecuencias han sido mayores de lo que esperaba. Ahora, sentado en un locutorio cerca de Corrientes y Callao ("Me ha citado la luna en Corrientes, esquina Callao", como iba la canción de Sabina), tragando medialunas que da miedo, súbitamente, con un asombro tremante, I start to wonder. Jalousie? Seulement luxe?
Habrá que pasar a otras cosas, en serio. Hay un cuento que escribir, y hay que lavar las sábanas y hacer el almuerzo y resolver algunas cuestiones con cierta persona. Comprar una licuadora, también. Mierda. Acaso hoy, con una naturalidad más natural que la de la propia naturaleza, acaso hoy: bastarán unas palabritas, sorber un poco de café, hacer algunas alusiones ingeniosas, sonreír, atraparla mirándome. Caminar un poco, en círculos, Perón, Mitre, Junín, Ayacucho; prolongar las discusiones hasta que, espontáneamente, como la ardilla que de vieja se cae naturalmente del árbol, fulminada por la muerte (¿qué sonido tan delicioso, tan sutil, provocará su caída?), dejar caer el tema, con cierto ingenio forzado, con la extra-vagancia que se supone es uno de mis grandes rasgos. Pero antes tengo que escuchar a Christine Schäfer un poco más, y hablar con el goodol' Nick.

sábado, 4 de octubre de 2008

Women-trouble post

Es sábado y tendría que haber salido, sí. Siempre me dió gracia ese estatus ontológico del fin de semana, independiente de si tienes trabajo o no, de si has tenido una semana verdaderamente jodida o si te la has pasado desde el lunes tirado en tu cama rascándote las pelotas: qué importa, hay que salir. No es que sea una de esas personas, claro (y si lo fuera poco importaría), pero yo debí haber salido hoy, sí, preferentemente con B. Por la mañana tuve un examen para el que no me había preparado bien, y mientras paporreteaba lo que podía unos minutos antes de la hora, los ojos se me desviaban hacia cada mujer que pasaba, cada belleza que parecía un maldito milagro único, irrepetible y a la vez reproducido sin cesar segundo a segundo, de mujer a mujer. Vamos, que había muchas tipas más buenas que el pan, lo que obstaculizaba aún más mis intentos de concentrarme. (Obstáculo epistemológico, jajaja.) Pero, ¿a qué viene todo eso? Supongo que al hecho de que no puedo dejar de pensar en sexo. Del fenómeno sexual en general, sí, pero en particular del sexo con B. La imagino en mi cuarto, sentada al borde de la cama, mirándome con esos ojos de gata: un segundo de vulnerabilidad bastaría. Un instante de fragilidad haciéndose evidente en la relajación de los músculos de su rostro, la súbita tibieza de la mirada, la tendencia de la boca a "horizontalizarse". Un segundo en que aparezca el resplandor avellana en los ojos, en que se materialice (este fenómeno me encanta, por lo demás) la realidad psicológica de la tensión. Como si los sentimientos se volvieran una masa de carne entre una y otra persona. Allí, en medio del huracán, los deseos manifestándose en silencio, el tacto presuroso de imantarse a la piel ajena, allí, allí, allí. Me sucede que, noche tras noche, esta imagen se transfigura sin cesar en mis sueños, con una realidad y una vividez tales que me da miedo que los otros descubran lo que trato de esconder, al oírme murmurar su nombre en la oscuridad. Morder las sábanas, estrujar la almohada vacía. Conjurar su nombre. Ah, B. ¿Se trata sólo de este tacto, de esa frotación corporal, o acaso hay algo más, algo en ciernes que podría...? Me pregunto si debería ser más agresivo. Sé que me he vuelto demasiado perezoso, que la experiencia con A ha terminado por arruinarme. Sin embargo, siempre he profesado el credo de la naturalidad: las cosas deben tener consecuencias coherentes, caer con un movimiento uniforme en el lugar que, según el contexto creado alrededor, les corresponde por derecho. Supongo que soy muy Aristotélico en ese sentido ("lugar natural"); más me valdría ser partidario de Einstein. Moldear el espacio a mi manera, organizar el orden de las cosas según mi voluntad. Someterla, en una palabra. ¿Hay intenciones al otro lado de la cancha? El tema de reflexión en boga estos últimos días. Y, ¿las hay? Larecontrachuchadelaconchadetuhermana. Los juegos de seducción siempre me han resultado agotadores y aburridos, y estoy consciente de que éste no durará mucho. Me aterroriza, sin embargo, imaginarme en un futuro cercano lamentándome de que las cosas no ocurrieran porque no lo intenté. Por otro lado, me molesta ser uno más del montón de pretendientes, me molesta que aquella parte de mi ser que mi voluntad es incapaz de controlar tienda a satisfacer el ego de las personas equivocadas. B, tan maravillosamente orgullosa, no se merece semejante don. ¡La contrición, y la reputaquelaparió! Desde luego que pesa más la contrición. Lo que no me deja más alternativa.